En algún lugar

"La necesidad del momento ganaba siempre a las promesas del futuro, por muy tentadoras que éstas fueran"

Karl Ove Knausgard

martes, 9 de agosto de 2011

Diario de un viaje cualquiera 10ª Parte (Bosnia y Herzegovina y la costa Dálmata)

Día dieciocho
Kms. 168.937

Hay viento. Vamos a la piscina después de desayunar. Decidimos que hoy volveremos; así tendremos un par de días de descanso antes de volver a la semiesclavitud laboral. Probaremos la vuelta por nacional. Horas después. Imposible. Por carretera es extremadamente cansado; mi rodilla no aguanta tantísimos cambios de marcha con la Iveco. 

Dejamos atrás Croacia, entramos brevemente en Eslovenia, y definitivamente en la Unión Europea. Llegamos a Italia; país de grandes y viejas infraestructuras oxidadas y baja moral. Italia con un pasado grandilocuente, un presente dudoso y un futuro improblable. 

Paramos en Caorle para comer. Encontramos un lugar cerca de la playa entre dos bloques de edificios, más autocaravanas y un parque. Inmejorable. Nos vamos a dar un baño y estamos toda la tarde nadando, jugando y descansando. Nasser conoce a un pequeñajo italiano y la niña se basta con ella misma. Nosotros observamos el ambiente. 
Para empezar es curioso la diferente utilización que hacen los italianos de las playas; el intento de negocio llega hasta ellas. Sombrillas y hamacas, hasta prácticamente el agua, vacías, por supuesto, esperan que algún turista las alquile y salve al vigilante la temporada de verano. Después entre la hilera de sombrillas y el agua, dejan un espacio libre, una tierra de nadie y de todos, para que el veraneante "pobre" pueda disfrutar del agua del mar, bañarse y jugar; eso sí, como un cartel indica, totalmente prohibido instalar tu propio parasol y toalla:


-"Si quieres puedes bañarte, pero de sentarte gratis, ni hablar... ¿eh?"


Por descontado nosotros caso omiso, y estiramos nuestras toallas y clavamos la sombrilla; no somos lo únicos, aunque tampoco abundamos los "antisistema". De repente, mientras curioseamos el ir y venir de los paseantes en la arena, parece el paseo marítimo, surgen de la nada un montón de africanos que en un periquete y, supongo, aprovechando la coyuntura de la cantidad de posibles compradores, montan a un metro del agua, una infinidad de tenderetes en el que muestran sus mercancias. La gente pasea, se para y miran las gafas, los bolsos, los sombreros, los relojes, ect... en bikini y bañador, olvidando si el culo le queda en pompa, los pechos como higos caídos, las barrigas colgantes, las piernas peludas o mal depiladas y todo acompañado de una gran fiesta de la celulitis.La compostura y los complejos se olvidan ante una posible compra.
De repente, hora de "plegar" la policía se acerca, el Sol se está poniendo y los bañistas cada vez son menos. Toca retirarse y valorar la jornada. Nosotros también, nos bañamos en las duchas de un hotel y nos vamos para la furgo a cenar.

Después de cenar, nos miramos y sin decir palabra decidimos salir pitando y aprovechar la noche para conducir. Aunque la noche nos cansa reconocemos que es genial para los niños. Ellos duermen y tú puedes conducir con más tranquilidad. 
Mientras conducimos repasamos día a día. Han sido unas buenas vacaciones, cortas pero intensas, cargada de nuevos destinos y nuevas experiencias. Paramos a repostar.


Después de algunas horas, llegamos a Génova. Es una lástima llegar de noche; la autopista que te conduce a la ciudad es "la bajada al infierno". Es bárbaro, curvas de infarto, obras, obreros y todo sin señalizar correctamente; es divertido y sufrido, todo rematado con la curva en el siniestro puente colgante que une con la autopista de la costa. Es decadente y demencial, Génova parece que se ahoga en su propia suciedad. 


No puedo más. Paramos a dormir. Son las tres de la madrugada. 
Lo dicho...

La locura se apodera de ellos ¡vuelven a casa! ¡Televisión! ¡Bieeeeeennnnn!

Conduciendo como se pueda....

Última comida en la furgo...






 


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