En algún lugar

"La necesidad del momento ganaba siempre a las promesas del futuro, por muy tentadoras que éstas fueran"

Karl Ove Knausgard

lunes, 8 de agosto de 2011

Diario de un viaje cualquiera 9ª Parte (Bosnia y Herzegovina y la costa Dálmata)

Día diecisiete
Kms. 168.692

Veremos qué hacemos hoy. Lo que está claro es que, mordismo la manzana, y salimos del paraíso. 

Seguimos por la carretera bordeando la costa; sin prisas. Alguno nos adelanta y nos regala algunos bocinazos amigables; adelantan por donde pueden, curvas, rayas continuas, arcén... 

Cuando llevamos dos horas de camino, observamos que hay una carretera que baja hasta la playa. Intentamos encontrar el inicio de dicho camino, pero no aparece. El mar queda alejado por debajo. Finalmente y en un curva, justo antes de la entrada de un túnel, aparace lo que presumiblemente puede ser la entrada a la carretera que buscamos. Pisamos a fondo el freno, y conseguimos corregir la dirección de la furgo. Empezamos a bajar. Una pendiente de un 15% y una carretera muy angosta nos hacen ir despacio. Lentos vamos descubriendo la playa, luego una "callecita", un campanario, por fin Lukovo. 

Este pueblecito, salido de la imaginación de cualquier romántico, son dos calles, ninguna por las cuales se puede circular, pegadas al mar, con un pequeño puerto en el que están amarradas pequeñas embarcaciones de pesca y de ocio. Se respira tranquilidad; una maravilla, otro pedacito de tierra fabuloso, en el que la vida parece regirse con otro tipo de tiempo.

Aparcamos la furgo, nos bañamos, atravieso la bahía para ver unas pequeñas ruinas que hay en el otro lado. Es fantástico bañarse en estas aguas. No me cansaré nunca de repetirlo. 
Hace calor para comer en la furgoneta, así que decidimos comer en el pequeño restaurante que está pegado al agua; el único por supuesto. El pescado se vende a peso. Nada exhorbitante, comemos los cuatro por unos 25 euros. ¿Debería ser esto la vida? Debería, debería... 

Otra vez en la furgo, abandonamos Lukovo con la gran satisfacción de haber encontrado este pequeño y fascinante enclave; ahora nos dirigiremos hacia la península de Istra, pero antes paramos a mirar el puente que une el continente con la isla de Kraka; impresionante:

-"Lo que ha separado dios, el hombre va y lo junta. Y encima cobra por ello".

Cuando llegas a Istria Croacia te muestra otra cara. El paisaje cambia por completo. Dejamos atrás las secas laderas y entramos en un marco totalmente diferente. Las montañas están cargadas de vegetación. Pino, alcina y arbustos parcos predominan. Más especies de flora existen, mi ignorancia al respecto me impiden señalarlos. 


La costa es escarpada, y aunque la carretera fluya cerca de la costa, las vistas al mar son menos expuestas. La gran urbanización de la que adolece al territorio ya se presenta como un escollo para encontrar un lugar agradable y económico. De momento atravesamos Rikeja. Si se obvían sus gran astillero imponente con grandes transatlánticos barados esperando a ser reparados, y la "térmica" de la entrada, la población puede ser interesante. Sus calles cargadas de edificios coloniales, con un toque decadente, invitan a parar a dar un paseo. A nosotros no lo suficiente, hace un calor brutal.


Decidimos seguir. Antes de dejar atrás la ciudad, a un croata, le dedicamos algunas de las mejores perlas de nuestro queridísimo diccionario:


-"Ah que bien se queda uno..." -seguimos-


Es tarde, y mi rodilla no aguanta más. Nos equivocamos de desvío y acabamos en un camping "ciudad de vacaciones" en la población de Rabac. Está bien; limpio y ordenado, con buenos equipamientos. Voy al lavabo, abro la primera puerta y.... wáter turco ¡noooooooo! me voy tres o cuatro puerta más allá esperanzado y.... ¡síííííííííííííííííííí! ahí está el trono. (Turcos y "tronos", aquí más que nunca observo la realidad de la zona, la historia. La mezcla entre occidente y oriente. Islam y cristianismo; imán y obispo; rey o sultán, ect... Me quedo con el trono, la tradición en este caso es más fuerte.


Es tarde, tengo sueño y me voy a dormir. Mañana piscina y mar. Y después ya veremos.





¿Dónde llegará....?

Un puertecito...

Estamos en Lukovo....

La playa con aguas cristalinas, dentro de un pequeño golfo...



Lo atravieso a nado... aquel puntito negro en el fondo soy yo...  las grandes escaleras que se ven son para tirarse al agua.

En el restuarante...

Una compañera... ¡queremos una igual!...

Lukovo desde las alturas. Fantástico.

La obra faraónica para unir las dos tierras.

Pues eso...



 

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