En algún lugar

"La necesidad del momento ganaba siempre a las promesas del futuro, por muy tentadoras que éstas fueran"

Karl Ove Knausgard

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Yo y yo mismo... (fallido intento al Pedraforca y buscando un recuerdo)

Jornadas laborables superpuestas unas con otras sin diferencias entre ellas, hacen que el tedio se apodere del día a día. Cada días se reduce a lo mismo: trabajo y descanso para poder ir a trabajar.
Pero hoy es diferente. Con unos cuantos días de descanso, decido coger "la furgo" y salir, escapar o huír de la rutina.

No iré muy lejos, pero tal vez lo suficiente. Catalunya un país precioso que ofrece mil oportunidades distintas, mil rincones increíbles y mil lugares de ensueño. Me daré una vuelta cerca de casa, a ver qué tal.

Decido subir hasta el parque natural del Cadí-Moixeró cerca de la frontera con Andorra y  Francia, y que está situado en las comarcas del Berguedà, Alt Urgell y la Sardanya. 
Dos días me concedo, así que, el primero lo dedicaré a subir el Pedraforca y el segundo, lo destinaré a encontrar un pueblo, en el que años atrás estuve, y que recuerdo que tenía un enigmático lago, y que estoy seguro está por la zona.

Primer día

Dejo a los "peques" en el cole, me despido de Maya y cojo la carretera que va a Moià, y de ahí a buscar la de Balsareny, me desmarcó así de pasar por la autopista de Sabadell y Terrassa. Subo tranquilamente, sin prisas, admirando el paisaje y escuchando la radio:

-"Hay que encontrar soluciones a la crisis...."
-"...la entrada a Barcelona está carga..."
-"...no Rajoy candidato....."

Apago la radio, pongo música... mejor. Un par de días alejados de toda la basura.
Pronto aparece ante mí la térmica de Cercs, queda poco para el desvío. Así es, después del túnel a mano izquierda. Esta carretera conduce a Saldes, y una vez pasado éste el desvío a la derecha que lleva hasta el mirador y el refugio de Lluís Estasen.

Hay algunos coches, y un par de furgos; el paisaje es increíble desde aquí. Me quedo un rato contemplándo la Sierra del Cadí, y lo que supongo es la Sierra Prepirenaica y los Pirineos. A mi espalda, siento la presencia del gigante de piedra, de la esfinge catalana, del eterno pero enfermo Pedraforca. 

Me hago un café y me fumo un cigarrillo. Mientras llegan un grupo de amigo en un par de coches que rompen la tranquilidad y el falso silencio. Hay algo en el ambiente, algo en el paisaje... es extraño pero aún no soy capaz de identificarlo.
Empiezo la acensión. Sólo llegar hasta el refugio, que son poco más de ochocientos metros me resulta costoso. Recuerdo entonces, que hace algo más de tres años que no intento subir una montaña. No estoy en forma, fumo demasiado y me sobran alrededor de quince kilos, sumando, que tengo la pierna derecha dolorida, más concretamente el aductor y la rodilla. Ambas partes, han sufrido lesiones, y sufren a diario por culpa del maldito trabajo. 
Los árboles pronto se convierten en amigos que me brindan su apoyo; muy al contrario de sus raíces que son motivo constante de tropiezo. No puedo levantar bien la pierna. Me duele. 
Llego al refugio y cojo el sendero que conduce al Coll del Verdet;  voy parando y siento que el dolor es insoportable; decido fabricarme con una rama caída, y que aún no está podrida, un bastón bastante resistente.
Sigo. Hay que "grimpar" un poco y la pierna sigue impidiéndome poder hacerlo con comodidad. Cuando llego a un saliente me siento y contemplo el paisaje. Es precioso. Derepente me sobreviene la idea de que somos minúsculos, en todos los sentidos. Cómo puede ser entonces que seamos tan ingreidos, egoístas y destructores. Sigue el zumbido constante.

Continuo ascendiendo y me pierdo. Empiezo a subir por una tartera y cuando me paro a observar dudoso de que ese sea el camino, veo que a mi derecha está la pista. En diagonal me dirijo hacia ella, resvalo varias veces y la pierna se me resiente aún más. Prosigo el camino y mientras voy escuchando detenidamente los sonidos que me envuelven. Es pura tranquilidas y estoy completamente, o casi, solo.
Veo ardillas, un halcón y unos "isards", les importa un comino que un depredador ande cerca. 
Por fin llego al Coll del Verdet, paro a comer y comprendo que no puedo seguir subiendo. A escasos cincuenta metros un grupo de "isards" pacen tranquilamente mirándome, compartimos un rato compañía y comida.  Cuando acabo de comer me tumbo y me quedo dormido.


Cuando despierto, parece que estoy un poco recuperado del dolor. Empiezo el descenso. Me pierdo en un par de ocasiones y me cuesta orientarme. El dolor vuelve más intensamente. De repente unas nubes negras se forman en lo alto de la montaña. Joder como empiece a llover estoy jodido, pienso. Me intento dar algo de prisa. Al cabo de medio hora, no puedo más y me vuelvo a tumbar. ¿Qué es el zumbido?

Pero, al fin, después de seis horas regreso al refugio; bebo agua de la fuente y me voy hasta la furgo. Estoy agotado, me hago la comida y me pongo a dormir.
Me despierta, dos horas después y ya casi oscuro, una música de acordeón. Me visto y bajo. Son un par de franceses, uno toca, efectivamente, el acordeón y el otro se está preparando la guitarra. Van con una T3, les saludo y pasan olímpicamente de mi cara. En poco rato montan un buen repertorio, y yo encantado. El zumbido que todo el día ha estado presente ha desaparecido. Me doy cuenta que eran la cantidad de avispas y moscas que ante el inminente frío trabajan sin descanso. Con la oscuridad descansan. Sólo se oye la música y se siente la tranquilidad. Con un cielo estrelllado, escribo, leo, preparado una frugal cena y me voy a dormir.

Segundo día
Me levanto trempano. Todos los que hayan estado en el Pedraforca, habrán sido  testigos de las fabulosas auroras que se dan en el lugar. Una espesa bruma se ha posada en los pies de las montañas y éstas a su vez dibujan un infinito precioso y sobrecogedor paisaje.
Desayuno y pongo en marcha. Voy hasta Saldes y en un bar a la salida del pueblo tomo un café y pregunto por un lago que creo recordar está cerca de Vallcebre. Me explican como se llega y me recomiendan una carretera para desplazarme hasta allí que, según me dicen, tiene unas espléndidas vistas. Así que, voy para allá.
Vuelvo a Saldes y una vez paso el pueblo, varios kilómetros en dirección a Gósol encuentro el desvío a mano izquierda. Lo cojo. Es un camino rural asfaltado. Me encuentro primero con un merendero, tranquilo limpio y con baños. Cerca hay unas instalaciones para hacer "tirolinas" es precioso, y pienso volver con los enanos. Reemprendo la marcha y tranquilamente disfruto de las curvas. Poco después se aparece el lago. En realidad no es un lago, sino un agujero de una antigua mina de carbón a cielo abierto que después de entrar en desuso, se llenó de agua y no ha vuelto a vaciarse. Aparte, y por lo visto, deduzco por unos carteles que hay allí encontraron restos paleontológicos; yo he intentado verlo pero no he sido capaz.

Antes de llegar a Vallcebre, hay un desvío hacia Fisol y Rassos de Peguera. Me desvío y cojo ese camino rural. Vacas pastando y un precioso altiplano hacen un creer que ten encuentras ante un lienzo. Paro varias veces. Sigo en dirección Rassos de Peguera, y de repente la carretera se convierte en un camino de cabras. ¿Doy la vuelta? No, sigo adelante. El resultado ha sido que no he podido llegar al pueblo, se me ha caído el tubo de escape, y he tenido que improvisar un apaño. Pero he consigo salir. 
He vuelto hasta un desvío que indicaba Peguera. El camino era intransitable para una furgo sin 4x4 pero me he quedado ha cierta distancia y he podido observar las vacas pastando y las ruinas de lo que parece ser un pueblo. Me digo que tendremos que volver y probar entrar por el otro camino que hay más adelante. De momento se me hecha la hora encima. Me preparo la comida y vuelvo a Caldes justo a tiempo para ir a buscar a los niños al colegio.


(La cámara la tenemos estropeada, así con el móvil he podido seleccionar estas tres)





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